La caída del Imperio Romano

La caída del Imperio Romano hace referencia al fin del Imperio Romano de Occidente, cuyo territorio fue invadido progresivamente por distintos pueblos bárbaros. Las consecuencias de este acontecimiento, fechado en el año 476, fueron tan determinantes para el futuro de Occidente que marca el fin de la Edad Antigua y el fin de la Edad Media.

Caída del Imperio Romano de Occidente

Resulta curioso que Roma no acabase con una gran guerra. O quizás con una revolución de los romanos insatisfechos con las políticas que se estaban llevando a cabo. Todo lo contrario, la ciudad se entregó sin oposición, sabiendo que cualquier batalla se saldaría con una derrota.

Rómulo Augústulo ha pasado a la Historia como el último emperador de Roma. Accedió al poder con 16 años y gobernó durante menos de un año. Su apellido de Augusto fue cambiado por sus detractores a Augústulo, que significa pequeño emperador. Lo cierto es que su actitud no recordaba nada a sus antecesores a los que su nombre hacía referencia. No tenía la determinación de Rómulo, el fundador y primer rey de Roma, ni el carácter de Augusto, el primer emperador romano. Era el reflejo de una civilización romana que ya veía muy lejos los tiempos de gloria.

Causas de la caída del Imperio Romano

No es posible atribuir a una única razón la caída del imperio romano. La presencia de bárbaros tanto dentro como fuera del Imperio, una de las causas más mencionadas, se suma a una ciudad de Roma en crisis y abocada al declive.

  1. La división del Imperio. A finales del siglo III, el emperador Diocleciano tomó una decisión crucial para el destino del Imperio Romano al dividir el Imperio en dos mitades, el Imperio Occidental y el Imperio Oriental, más tarde conocido como Imperio Bizantino. Esto resultó ser un gran éxito a corto plazo. Sin embargo, con el paso del tiempo, las relaciones fueron decayendo y no consiguieron establecer una ayuda mutua.

    La ciudad de Constantinopla se blindó ante las invasiones con grandes fortificaciones, mientras que Roma quedó vulnerable y desprotegida. De forma indirecta, el Imperio Romano de Oriente desvió las invasiones bárbaras hacia el occidente, pues era mucho más difícil vencer a los romanos orientales.

    Por su parte, el Imperio Romano de Oriente sí que volvió a vivir épocas de gran esplendor bajo el nombre de Imperio Bizantino. La caída de Bizancio, su capital, se produjo siglos más tarde en 1453.

  2. Invasiones bárbaras. Los romanos llamaban bárbaros a todas las tribus que habitaban a las afueras de sus fronteras. En un principio,  el objetivo de estos pueblos no era conquistar el Imperio sino que buscaban pertenecer a Roma para disfrutar de una mejor calidad de vida. De hecho, hacia el final del Imperio, ya había muchos barbaros que combatian del lado de las legiones romanas como mercernarios.

    En el año 410 nos encontramos con un suceso realmente importante, el saqueo de Roma por parte del rey godo Alarico I. Durante tres días, su ejército saqueó Roma, algo que nadie había hecho durante 8 siglos. Esto era una clara señal de la fragilidad del Imperio, cuya enorme extensión dificultaba la defensa de todas sus provincias:

    • La zona actual de Francia fue arrasada por los vándalos. Después fueron vencidos por los visigodos, quienes se asentaron en el sur de esta región. Los pueblos francos controlaron el norte.
    • A Hispania (la península ibérica) llegaron los vándalos, que procedían de Francia. Sin embargo, los visigodos los expulsaron de la península y se quedaron con el control total.
    • Los vándalos llegaron, finalmente, al norte de África, donde centraron su actividad en la piratería, haciendo del Mediterráneo un lugar inseguro.
    • En Britania se establecieron los sajones, los anglos y los jutos.
    • Por último, en Italia tomaron el control los ostrogodos.
  3. Problemas económicos. La carga de trabajo de Roma estaba sustentada principalmente por los esclavos. Gran parte de estos esclavos eran prisioneros de guerra. Además, los lujos que engrandecían a los romanos se podían costear gracias a los tesoros conquistados a otros pueblos.

    El problema llegó cuando las conquistas pararon en el siglo II. Roma entró en una gran crisis financiera. Ya no había un flujo constante de oro, plata y otros tesoros, ni llegaban los suficientes esclavos para trabajar en el campo. La producción de la agricultura disminuyó, y los alimentos comenzaron a escasear en los últimos años.

    Los constantes enfrentamientos con pueblos bárbaros, unido a la piratería que ejercían los vándalos en el Mediterráneo, hizo que el comercio se viera debilitado.

  4. Corrupción e inestabilidad política.El extenso territorio que había que gobernar era un serio problema. El cual se complica aún más si los emperadores son ineficaces. El puesto de emperador se convirtió en una sentencia a muerte, pues la gran mayoría accedían al trono cuando su antecesor era asesinado, especialmente en los dos últimos siglos.

  5. Debilitamiento del ejército. El ejército romano había sido la envidia de toda las civilizaciones del mundo antiguo. Pero el tiempo había pasado, y las diferencias con aquellos tiempos gloriosos eran gigantes.

    En los últimos siglos los ciudadanos romanos ya no estaban por la labor de servir en el ejército. Por eso, emperadores como Diocleciano o Constantino decidieron contratar a mercenarios bárbaros para paliar las bajas militares. A pesar de que eran fieros guerreros, no eran leales al Imperio, y muchos de ellos también lucharon en contra de los romanos apoyando a otros pueblos. Además la gran extensión que debía proteger el ejército requería grandes inversiones económicas, que agravaron la crisis económica que estaba viviendo el Imperio Romano.

  6. Cristianismo. El Edicto de Milán legalizó el cristianismo en el año 313, y posteriormente se convirtió en la religión del Estado en el 380.El historiador Edward Gibbon defendió con fuerza la expansión de esta religión deterioró los valores tradicionales romanos y fomentó una mentalidad de sufrimiento y «poner la otra mejilla» que condenó a las legiones romanas al fracaso.

    Esta teoría ha sido ampliamente criticada, argumentando que muchos de los bárbaros también eran cristianos. En cualquier caso, la influencia que pudo haber tenido esta religión en la caída de Roma es prácticamente inexistente comparada con la gran crisis económica, política y militar que vivía la ciudad.